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Aquest article, signat per Jorge Wagensberg el publicava ahir el diari El Periodico:

http://neofronteras.com/wp-content/photos/aves_4alas_b.jpg

La noticia saltó el pasado 14 de marzo en la revista Science. El profesor Xing Xu, de la Academia China de Ciencias, y su equipo de la Universidad de Linyi han analizado con detalle 11 fósiles de los pájaros más primitivos y han llegado a la conclusión de que tenían cuatro alas plumosas para volar. Da para pensar sobre plumas y alas, sobre el vuelo y sobre los caprichos de la evolución. ¿En qué puede favorecer una pluma a su propietario? Los beneficios naturales han sido varios y diversos: aislar del frío y de la humedad, seducir (sobre todo los machos a las hembras) y volar. Los beneficios culturales tampoco son pocos: intimidar (sobre todo los varones a sus rivales), seducir (sobre todo hembras a varones) y escribir con tinta líquida.

A LA ESTILOGRÁFICA aún la llamamos pluma. Todos estos casos ilustran una misma innovación, la pluma, con diferentes funciones para sobrevivir. Sin embargo, no todo lo natural sirve para lo cultural y, desde Ícaro, más de uno se ha roto la crisma por empeñarse en volar con plumas. Se puede volar sin plumas, sí, pero no sin alas (insectos, murciélagos, peces, aviones).

La conquista del aire ha sido una aventura obsesiva de la evolución. Todo empieza probablemente con la envidia ancestral que embarga a un animal, condenado a moverse irremediablemente pegado a la superficie del suelo mientras contempla la facilidad con la que un gorrión escapa de un incendio o la elegancia con la que una gaviota se lanza a planear desde lo alto de un acantilado. Libre como un pájaro significa disfrutar de la tercera dimensión gracias a las alas.

Los primeros en conquistar el aire fueron los insectos hace unos 350 millones de años. La idea tuvo un éxito notable y, mediado el carbonífero, ya existían 11 órdenes de insectos alados (pterigotas). Los segundos en volar fueron los reptiles, cosa que lograron en pleno jurásico, hace unos 170 millones de años (pterodáctilos). Seguramente el mismo meteorito que hace 65 millones de años borró a los dinosaurios de la existencia mató también a la mayoría de los primeros pájaros, pero no a todos debido quizá a su pequeño tamaño y, justamente, a su capacidad para volar. Y así nos plantamos en el 23 de octubre de 1906, cuando el franco-brasileño Alberto Santos-Dumont consiguió, por fin y por primera vez y ante testigos homologados, elevarse del suelo con un artefacto más pesado que el aire. No fue un salto ni un planeo sino un vuelo auténtico de 60 minutos a cinco metros de altura. Los hoy celebérrimos hermanos Wright reclamaron entonces que ellos ya habían volado tres años antes, pero su mérito real fue un planeo descendente sin motor y sin testigos fiables.

La pluma que aísla, la pluma que presume, la pluma que vuela y la pluma que escribe son ejemplos de una misma innovación que diversifica sus funciones a golpe de selección natural y cultural. La pluma es una homología evolutiva (las plumas se parecen por una ascendencia evolutiva común). En cambio, el ala transparente de un insecto, el ala-aleta de un pez volador, el ala de piel de un murciélago, el ala plumosa de un pájaro y el ala metálica de un avión son ejemplos de innovaciones de origen distinto pero que convergen en la misma función: volar. El ala es una convergencia evolutiva (las alas se parecen por una trascendencia evolutiva común).

Sin embargo, hay algo paradójico, y por lo tanto interesantísimo, en la noticia que comentamos. Todo lo que vuela se ha estrenado en la evolución con un error (cuatro alas) que luego ha sido necesario corregir (dos alas). Los primeros insectos voladores tenían cuatro alas (como tienen las libélulas), los primeros dinosaurios voladores (como elMicroraptor gui) tenían cuatro alas (lo que sabemos desde hace solo 10 años gracias al propio Xing Xu), los primeros pájaros tenían cuatro alas (lo sabemos desde hace pocos días) y los primeros aviones se diseñaron con dos alas dobles (tanto el de Santos-Dumont en 1906, como el de los hermanos Wright en 1903, como el intento pionero de Chanute-Herring en 1890).

TODOS SE consagran con dos alas pero todos empiezan con cuatro. Incluso existen especies de peces voladores, como los Cheilopogon exiliens, que exhiben cuatro alas (¿fueron también los primeros peces en volar?). La evolución trabaja con el error, eso ya lo sabemos, pero que el error inicial sea siempre el mismo no lo sabíamos. No estamos ante una homología ni ante una convergencia, porque las cuatro alas no proceden de la misma innovación ni trascienden tampoco con la función de volar. Comprender, en ciencia, significa encontrar lo común entre lo diverso, y eso es justamente lo que parece el reiterativo tanteo de las cuatro alas.

En síntesis, hay algo que huele a conocimiento nuevo aunque todavía no sepamos de qué se trata... Se admiten sugerencias.

Vet ací una altra reflexió  de  Javier Sampedro sobre el tema de les 4 ales al diari El País

Tag(s) : #LLEGINT EL DIARI DE BON MATÍ

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